Yagüe dio el primer choricillo de Logroño
Conrado Escobar recogió la petición de cubrir el frontón
Más que un referente, es un símbolo de valores de un barrio logroñés. Cuentan las crónicas que las primeras fiestas se celebraron en 1964 en honor de San José Obrero. Las fechas fueron cambiando para que no coincidieran con el barrio de Ballesteros y se elegía la Ascensión o el Corpus Christi, en función de la proximidad con San Bernabé. Tirando de datos, en 1978, el club juvenil JUBY organizó el primer choricillo, gratuito por más señas, con el patrocinio de Carnicería Olave y Bodegas AGE, hasta hoy, que ha llovido un rato.
El entorno y muchos vecinos ya no son los de antes pero la fiesta de hoy se ha enrollado con las mismas ganas de entonces. Yagüe es como un pueblo y, en los pueblos, la gente se conoce, se ayuda y se divierte en comunidad. La misa, por la mañana y después, la diversión, alrededor de la plaza, junto al frontón, aprovechando la sombra para colocar las mesas y degustar el choricillo, que ha hecho la 47 edición. La lógica es que se acercara el alcalde de Logroño, en esta ocasión, acompañado de la concejala de Distrito Laura Lázaro.
Sin corsé institucional, Conrado Escobar ha ido saludando a conocidos y a logroñeses y logroñesas que le correspondieron. Dentro del paseo, su presencia despertó en seguida la oportunidad para pedir por el barrio. En ese clima de cordialidad, el alcalde se interesó por la chiquillería y un vecino le soltó la sugerencia que el alcalde cogió a la primera: “No me lo digas, que ya me he quedado con la copla: hay que cubrir el frontón”. La queja es que los chavales no pueden entrenar cuando llueve o cuando cae un sol plomizo, como el de estos días que deshidrata a cualquiera.
Los muchos grados no fueron obstáculo para seguir disfrutando con lo que vino después: degustación de mici, vermut ibicenco, otra de jamón al corte y champiñón, los encierros simulados con carretones, la fiesta de la espuma y música sin un respiro y sin duelo. En Yagüe, se creen lo que hacen y lo llevan a cabo a conciencia. Conrado Escobar se lo pasó a gusto.
































